Musulmanes de A Coruña

Musulmanes de A Coruña
"Ninguno de vosotros cree, hasta que quiera para su hermano, lo que quiere para sí mismo"

miércoles, 20 de marzo de 2013

El musulmán frente a Allah


 



Para el musulmán, Allah no es algo ‘concreto’: no se trata de un ‘objeto’ ofrecido a sus reflexiones.

No acude con sus fantasmas, sino que los deja atrás, muy lejos, olvidados en el mundo de las quimeras, y ante su Señor claudica sin más, buscando compromisos en la raíz de la Verdad que lo hace ser en cada instante.

No se presenta con armas, ni con herramientas, ni con adornos, ni se contenta con sucedáneos ni se escuda tras subterfugios. No quiere consuelos. Busca al Real, al Verdadero, al Absoluto, y para eso solamente tiene un gesto supremo: doblegarse a Él.

Se deshace ante su Creador, se "deja hacer y rehacer" por su Señor.

Esta es la actitud espiritual del musulmán criado en la autenticidad del Islam de nuestras raíces. En su actitud exterior es idéntico, y su cuerpo mismo refleja y complementa esa ‘tendencia’ hacia Allah, completándose debidamente al círculo de lo perfecto.



Takbir o el comienzo del Salat:





Llegado este momento, el musulmán está preparado para comezar el Salat. Entonces alza las manos a la altura de la cabeza, diciendo: "Allahu Akbar" (lo cual sugiere que todo gira por orden de Allah y Él es más Grande). Esta frase se conoce con el nombre de Takbir.

Entra así un espacio y un tiempo diferetes. Con la ablución (Wudu), se accede al espacio de la Pureza con la que el ser humano está preparado, dando su primer paso. Con el Takbir ya está en presencia del Señor de los Mundos.

Desde ese momento hasta que acaba el Salat, no puede prestar atención ni dedicación a ningún otro asunto. El Salat le exige absoluta presencia: es indispensable que mientras dure esté en lo que hace con todo su cuerpo, su palabra y su intención. Se trata de un recogimiento íntegro. En ese momento debe estar sólo ante Allah y ausente a todos los demás.

Con pronunciación del Takbir, se sumerge en la contemplación de la grandeza de Allah. En la inmensidad de Allah todo está diluyéndose. Esta percepción de lo inmenso y de lo grande hace que toda otra realidad desaparezca del entendimiento del que está haciendo el Salat.

"Allahu Akbar", es una afirmación aparentemente interrumpida: "Allah es más grande que... cualquier cosa, cualquier pensamento, cualquier imaginación o idea". Todo es relativizado, se extingue y es absorbido en la nada con la simple mención de la Grandeza infinita. El mismo establecedor del Salat queda disuelto en ese espacio inconmensurable que ya no es ni espacio ni tiempo: él y toda la creación son pulverizados en el Dzikr, en el recuerdo de Allah. Todo desaparece, sólo Allah permanece.

Es así como se inicia el proceso en el cual se retiran los velos que antes le impedían tener una visión verdadera: el Salat lo asoma a la Unidad que da forma a la existencia entera, a la Unidad real que todo lo sostiene y a todo le da sentido.

Por otra parte, "Allahu Akbar" es el grito con el cual los musulmanes se oponen a toda tiranía, a toda injusticia, a toda usurpación. EL Takbir les da confianza en sí mismos porque lo iguala todo; es conciencia de que todas las criaturas están situadas en un mismo nivel ante su Creador, ante su verdadero Señor. La grandeza de Allah nos sitúa en un mismo entendimiento de la vida, ofreciendo la visión de una realidad en la que todos participamos en la misma medida, de que formamos parte indisoluble, iguales porque somos el fruto de un mismo acto creador. Cualquier usurpación de la Grandeza de Allah es decididamente combatida por los muslumanes, y ante ella caen los reyes y los tiranos. Sólo Allah es Grande.


Divulgado despectivamente en occidente como "Alá es grande", Allahu Akbar es la frase de quien ha percibido que todo pertenece a un mismo principio Creador, y que solamente se debe centrar la atención en la esencia de la Realidad y no en las apariencias, aunque se nos presenten de forma intimidante.

martes, 19 de marzo de 2013

La orientación o "QIBLA"



Tras el Wudu, el musulmán entra en la mezquita. En ella, un nicho (el mihrab) indica la dirección de la Meca, hacia donde se hace el Salat. Concretamente hacia la Kaaba, centro y eje del mundo.

¿Por qué centro y eje de mundo?

Acerca de la importancia de la Kaaba hablaremos en el artículo dedicado a la Peregrinación a la Meca, sin embargo adelantaremos algo: En primer lugar, ¿que es la Kaaba?

Es un templo. Un templo para hacer Salat al Exteriormente Manifiesto e Interiormente Oculto, a la Esencia Única que configura la Realidad Eterna. Al Dios de todos. No es un "cubo negro" que "se adora". Todo lo contrario, tal y como demostraré más adelante. Veamos su historia:

1.- Fue creada por Adán, el primer humano sobre la Tierra. Tras un catástrofe desapareció.
2.- Fue recuperada por Abraham y reconstruída por el y su hijo. Los habitantes de sus alrededores (de raza árabe, pero de miles de años antes de la aparición del profeta) la llenaron de estatuas, ídolos y la usaron de vínculo intertribal y símbolo de su nacionalismo.
3.- El Profeta Muhammad la limpió de ídolos, estatuas y la devolvió a la pureza de Adán y Abraham. Volvió a ser el símbolo del corazón de todos aquellos que declaran la Unidad y Unicidad de Allah.
 
Una vez más queda patente que "mahoma" no inventó un "culto árabe" sino que Muhammad (la Paz y bendionaes sean con él) recuperó la manera vivir traída por otros profetas, en este caso de Abraham, a su realidad original: su sentido unitario y universal. Precisamente fue Muhammad quien borró la idolatria para siempre. 
 
Si bien cuando fue creada la Kaaba, por su tamaño, alojaba a Abraham, a su hijo y a alguan gente más. Con los árabes pre-islámicos algunas veces, a parte de la gente de la Mecca, la podía visitar alguna tribu de los alrededores. Con la aparición de Muhammad y su mensaje, la Kaaba y el mensaje de Abraham se extendieron a otras dimensiones:
 
En la Kaaba caben tres personas, en los alrededores algunos cientos, pero con la venida de Muhammad, el Conocimieto de Dios ha sid tan pleno y certero que actualmente  no pueden entrar en Arabia Saudí millones de personas al año porque ni la ciudad de Mecca ni los alrededores dan a basto ante tantos buscadores.
 

En la primera época de su misión profética, Muhammad (s.a.s.) y los musulmanes orientaron su Salat hacia Jerusalén (al-Quds). Con ello fueron depurando sus sentimentos hacia la Kaaba... Se devolvió a la Kaaba su sentido primigenio, eliminando de ella todo vestigio de idolatría.

Finalmente, descendió un signo del Corán que ordenó:
 
“Vuelve tu rostro hacia la Mezquita Sagrada (Al-Masyid-al-Harâm en Makkah). Dondequiera que estéis, volved vuestros rostros hacia ella...” (2:144)
Por tanto se dejaron de orientar hacia Jerusalén (como los judíos) ni se volvieron hacia el sol naciente (como los romanos), sino hacia una direccion universal: la de Abraham, el "Hanif" (que tiene fe intuitiva unitaria), el muslim (el entregado de donde derivala palabra ISLAM. (Corán; capitulo 3, verso 69).

El Corán enseña que todos los pueblos tienen una orientación; tienen definida una meta hacia la que están dirigidos. Allah está en todas esas direcciones: "Hacia donde vuelvas tu rostro, allí está la Faz de Allah". (Corán 2, 115). Este sentido absoluto de la trascendencia es lo que integran en sí mismos los musulmanes al volverse hacia la Casa Antigua que erigió Abraham (a.s.) el Hanif, o unitario, el que fuera antes que los judíos, que los cristianos, antes que cualquier otro fecho religioso.

Volver la mirada hacia la Mezquita de la Meca es renunciar a cualquier idolatría posible entre el hombre y su Señor. La Noble Kaaba alude al corazón mismo del Universo, su eje alrededor del vértigo da existencia.
 
 

La ablución o "WUDU"




No se accede bruscamente al Salat. Previamente el musulmán realiza unas abluciones, como anuncio de su deseo de entrar en un estado diferente, en un recinto diferente, reservado a los buscadores: la Presencia de Allah, donde todo se une y se armoniza.

El Islam es cultura del auga y la pulcritud. El agua, símbolo del principio vital, del origen de la vida y también de sabiduría, es el elemento con el que los musulmanes a la vez que purifican sus cuerpos e interiorizan su significado.

El
Corán insiste en que la Bondad de Allah se manifiesta en la lluvia, que da vida a la tierra muerta, al igual que el saber que comunica a los hombres de la vida a sus inteligencias.

La
civilización musulmana mostró un enorme respeto hacia el auga, creando ingeniosos medios de irrigación, haciendo de ella adornos de sus jardines, aprendiendo de su murmullo. El wudu (o ablución) es uno de los homenajes del Islam al auga.

La palabra Wudu tiene su raíz en la noción de "daw", luz. El musulmán se lava las manos, la boca, la nariz, la cara, los brazos, el pecho, las orejas y los pies: da luz a sus gestos, a sus palabras, a sus apetencias, a su rostro, a su determinación, a lo que presta atención sus oídos y a la dirección de sus pasos).Y el agua pura cumple esa función simbólica que lo restituye en su origen. El verdadero musulmán entra así en la mezquita predispuesto al Salat.




Se presenta ante Él tal y como es, libre de lo que no es en su propio ser, en su propia naturaleza. Es decir, iluminado con lo que él mismo es, con el agua como símbolo y sello de toda la sabiduría de Él en los seres vivos:

"Y Allah creó a todo ser vivo a partir del agua" (Corán 24, 45)
 
Da más intensidad a sus percepciones, lo hace más receptivo, más sensible. El agua de la vida y del saber le dispone completamente a su Señor. La pureza del agua lo invita a una comunicación directa con la Existencia.

Cuenta un hadiz que un día comenzó a llover; el Profeta (s.a.s.) salió de su casa y se expuso al
auga. Entonces, al verlo sus compañeros, lo llamaron para que se guardara junto a ellos. El rechazó
la invitación alegando que le gustaba exponerse a la lluvia porque así "recién había brotado de junto Allah".

La llamada o "ADZAN"




Desde todas las mezquitas del mundo, el muazzín anuncia el principio de cada uno de estos momentos.

El Islam escogió la voz humana como medio para convocar a los hombres: no es amante de estridentes campanas ni de cuernos estruendosos. El home llama al hombre, lo requiere para la asamblea necesaria, en la que la trascendencia protagoniza la reunión.

Desde el alminar, con voz poderosa, el muazzín proclama la absoluta grandeza de Allah y su Unidad por encima de cualquier concepto o imaginación, la constitución de la comunidad musumana por
Muhammad e invita a todos al Salat y al triunfo.

Es una llamada grandiosa al encuentro del hombre con su Creador, una invitación a fundirse en la Comunidad de los unitarios, a hacer de ese acto de unidad el reconocimiento de que todo es uno ante el Uno-Único.

"AWQAT" o los momentos del Salat





Cada uno de los cinco Salat tienen su instante. Nadie los dicta. El Salat está regido por los ritmos de la naturaleza, cuyo motor es Allah. Cada momento del Salat indica un cambio en la sucesión del tiempo, como si fuese una especie de espejo de la intervención de Allah. En la transformación de las cosas se intuye la fuerza que gobierna el universo, expresándose con claridad.

PRIMER SALAT (FAYR):
Cuando va a salir el sol al amanecer, es el momento del nacimiento de la vida material y espiritual: el momento del amanecer de la vida mundanal marcado por la salida del primer destello de luz solar que desgarra las tinieblas de la nada. Y en esta realidad que vemos, se nos insinúa el carácter primaveral de una enseñanza luminosa: es el momento del primer salat. Se llama "Fajr" y marca el inicio de la actividad diaria en los hombres.

SEGUNDO SALAT (DOHR):
Al mediodía solar, cuando el sol está en su cénit, como verano y juvented de las criaturas llenas de energía, el sentido de la luz al amanecer se muestra en su forma más plena, en su realización perfecta. El musulmán establece entonces su segundo Salat, el "Dohr". Es el instante de la plenitud de la luz, cuando lo abarca todo, cuando la iluminación empieza a completarse.

TERCER SALAT (ASR):

A media tarde, cuando la sombra de algo es igual a su tamaño, nos encontramos en un momento semejante al otoño y su madurez. Como si fuera la edad de los Profetas, el momento de la sabiduría. Es el momento del sello Muhammadiano, el momento de romper con los ídolos y afrontar lo real. Es el momento en que el musulmán realiza el "Asr", el Salat central, como dice el Corán.

CUARTO SALAT (MAGRIB):
En cuarto lugar está el Magrib, la puesta del sol: el fin del día como signo de la muerte que se apodera de todo, el momento en que se entra en la tumba. Es un anuncio, y por eso tiene un momento estricto. Antes de la definitiva desaparición de la luz, hay una oportunidad para el despertar al sentido profundo de la aniquilación. Es un momento radical, último, es una ruptura. Es el momento en el que el musulmán hace el cuarto Salat, el Magrib.


QUINTO SALAT (ISHA):

Finalmente, aparece el momento de la oscuridad, suavizado por la luz de las estrelllas. La oscuridad es como un sudario negro, aunque la noche (al igual que el día con el verano) tiene relación con el invierno, sudario blanco de nieve y estrellas. Piensa en los símbolos que nos ofrece la realidad: todo se repliega ante Allah, el Poder Reductor que lleva a la soledad de la tumba. Y es la parte del tiempo que delata al ser humano en su necesidad de Allah, por eso la noche es recogimiento ante el Señor de los Mundos, la vigilia de los profetas. Es el momento en el cual los musulmanes hacen el "Isha", que auncia en el comienzo del descanso nocturno.


Los musulmanes observan escrupulosamente estos momentos, los aprenden de la observación. Adquieren la agudeza del que observa la naturaleza, la reconoce y la respeta. Non son horarios arbitrariamente establecidos, van cambiando diariamente según la posición do sol, reflejando la radiante voluntad de Allah.


   

Introducción al Salat


 
¿Qué es el Salat?
 
   Salat, es un término coránico que procede de uo verbo "SALLA": "abrasarse, consumirse...en Allah", es decir, el musulmán en esos momentos se intensifica en su enfoca hacia la trascendencia. ¿Por qué?
Ante la Esencia que sostiene la existencia, ante esa manifesación de Vida y Misericordia que hace posible la vida y llena con Su Luz la no-existencia, ante el Clemente, el Misericoridoso, ante la Bondad Suprema, ante Quien merece los más bellos Nombres, ante el Creador y Sostentor de la Realiad, el musulmán hace lo único que se puede ante Su Presencia: entregarse, tanto interior como exteriormente.
 
La radical dirección unitaria que tiene el Islam, es el punto de partida del cual debemos comezar a analizar esta cuestión. No se trata del "monoteísmo" de quien "cree", no en varios dioses sino sólo en uno. No. Allah no es una segunda persona a la cual dirigirse. No es un concepto a pensar, es Quien hace volver al ser humano a su verdadera natureza: el ser humano solamente se rinde ante Quien todo se rinde, al Creador y Sustentador.

El resultado es una experiencia completamente distinta a la de "oración" o súplica buscando algo. (Suplicar es hacer "duaa" es otro tipo de práctica de la cual hablaremos más adelante, un poco más parecida a lo conocido como "oración", pero no es Salat). El Salat es la manifestación exterior e interor del rechazo a la idolatría y por tanto, la señal de ue se está en camino hacia la verdadera iluminación.

Exteriormente, con sus gestos describe una total entrega a Allah. Preferentemente en colectivo, expresa la voluntad de construir una Comunidad basada en la experiencia unitaria que erradica completamente a los ídolos, en un proceso que honra al ser humano y le hace comprender su esencia.

 
Interiormente, a efectos prácticos, el salat educa, tal y como hace el Corán, elimina la torpeza y la brusquedad del ser humano, es decir, lo hace sutil, cuidadoso, respetuoso.

El Salat tiene unha forma estricta y unos momentos precisos. Su forma y sus momentos son respetados por todos los musulmanes del mundo. ¿Por qué?
 
Lo veremo en la siguiente entrada, sobre lo momentos del Salat.